Escribir es la manera más profunda de leer la vida

Jamás había entendido con tanta precisión lo que significaba para mí convertirme en escritora hasta que leí a F. Umbral con su linda frase: escribir es la manera más profunda de leer la vida.

Eso significa escribir, precisamente eso, leer la vida para reescribirla, que otros la lean y la redacten nuevamente, aunque en la mayoría de los casos, imaginariamente en su mente.

Lo que hace que tanto el escritor como el lector se conviertan en redactores de la vida otorgando nuevo sentido y significado a cada escrito, cada uno desde donde está, con sus propias interpretaciones y experiencias.

Aunque suelen decir que escribir es difícil, más difícil considero que es leer a tal punto que se otorgue vida al escrito.  El leer obliga abrir la mente y dejarse llevar por la imaginación, se aprenden nuevas formas de comunicarse y sobre todo de expresar conocimientos, sentimientos y emociones, además se conocen otros lugares, personas e historias.

En el mes de junio, realicé un viaje de placer a la Chiquitánia —no pongo el acento en la “i” sino en la “a” de manera intencional pues según los pobladores, que son los que saben y de quienes yo aprendo, esa es la manera correcta de nombrarla—.  Éramos más de 60 personas en caravana compuesta por 21 autos, viaje que duró seis días y me permitió perpetuar la experiencia en algunas fotografías que fueron compartidas en mis redes sociales con un corto escrito que trataba de plasmar la lectura y el aprendizaje que yo obtenía de cada paisaje, en ese momento era lo que estaba viviendo, así lo veía, apreciaba, leía y escribía.  Conocí otros lugares, personas e historias que al compartirlas de manera escrita lograron en cada uno de quienes me leían distintas reacciones, algunos apreciaron la belleza de la naturaleza, otros preguntaron detalles de contactos para considerar hacer la ruta, algunos otros sencillamente impresionados ante la majestuosidad de los atardeceres me regalaron un “me encanta”  y seguro que fueron muchos más los que en silencio absoluto leyeron y reescribieron en su mente algunos pensamientos y sentimientos que solo la lectura provoca hacerlo.

Les comparto algunas lecciones que aprendí porque, como ya se los dije, escribir es la manera más profunda de leer la vida:

  • Toda esa zona se llama Chiquitanía porque los pobladores eran “chiquitos” comparados con los colonizadores cuya estructura era considerablemente más notoria.  Incluso las casas que los acogen son pequeñas que cuando se escucha la historia recién uno se percata de su tamaño.
  • Son comunidades extremadamente cálidas, no por las altas temperaturas, sino por el amor de quienes residen en ellas. Expresiones de cariño manifestadas en comidas, música, discursos, sencillez e impresionante orgullo al mostrar lo suyo.
  • Todo camino por más largo que fuere, recorrimos casi 3.000 km, se hace corto, ligero y divertido cuando se lo hace acompañado. Si llevo esta enseñanza a la vida misma, comprendemos por qué la soledad hace largos y pesados los días.
  • Conocí a Andrés Tuma V. (31), cuya historia exclusiva merece ser contada; desde su silla de ruedas, muy limitada comunicación verbal y una parálisis cerebral es gerente del hotel El Pantanal en Puerto Suárez, este hombre me demostró que el límite está en la mente de la gente y que más peligrosa y limitante que una parálisis cerebral es aquella que paraliza el alma o la voluntad.

Alma y voluntad paralizada en muchos hoy que decidieron no moverse para crecer, ambicionar, soñar, prosperar, escribir o leer.

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